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La hora de la verdad para López Obrador

México despide al presidente más impopular de la historia reciente y recibe al más votado. Se va Enrique Peña Nieto y llega Andrés Manuel López Obrador. El prime​r presidente de izquierdas que conoce el país en ocho décadas ha prometido limpiarlo de corrupción y reducir la pobreza, la desigualdad y la violencia. Grandes males de siempre que están peor que nunca. Ante sí, el reto de mantener la estabilidad política y financiera, sin defraudar las esperanzas de cambio.

Este sábado, Andrés Manuel López Obrador, de 65 años, recibirá la banda presidencial y con ella la responsabilidad de estar a la altura de las grandes expectativas que ha generado. No lo tendrá fácil. El país pide cambios urgentes y el 1 de julio más de la mitad de los mexicanos votaron por quien ofrecía los más profundos y radicales. Por él.

López Obrador asegura mantenerse fiel a sus compromisos de campaña, pero en los cinco largos meses que dura la transición en México ya ha tenido que matizar algunos de ellos, enviando señales contradictorias, que han sembrado desconcierto a izquierda y derecha.

Un país que se desangra, más de 90 asesinatos al día

López Obrador hereda un país que desangra, con cifras récord de homicidios: más de 90 al día. El gobierno entrante ha diseñado una ambiciosa estrategia para combatir la violencia, que incluye una propuesta estrella, la creación de una Guardia Nacional, que ha decepcionado, sobre todo, a la izquierda y a las organizaciones de derechos humanos.

El nuevo cuerpo integraría a varias policías y quedaría bajo mando militar, lo que significa para sus críticos perpetuar un modelo fallido: el de usar al Ejército contra el crimen organizado. Desde el que el presidente Felipe Calderón lanzara en 2006 la llamada guerra contra el narco, han muerto asesinadas en el país casi 230 mil personas. Si los mexicanos guardaran un minuto de silencio por cada una de ellas, estarían 158 días callados, como recuerda el Centro de Análisis e Investigación Fundar.

Los mismos pobres que hace 20 años: 50 millones

El equipo de Obrador defiende, sin embargo, que la Guardia Nacional es un peaje reactivo dentro de una estrategia que pone el acento en lo preventivo. En atacar las causas que dan origen a la violencia. Los índices de desigualdad en México han ido a peor en los últimos años y, salvo algunos tímidos avances en el combate de la pobreza extrema, el porcentaje de población pobre, en torno al 40%, apenas ha cambiado en las últimas décadas. Son de 50 millones de mexicanos susceptibles de ver en el narco el único atajo para prosperar.

Para prevenirlo, el gobierno entrante ha prometido un ambicioso programa de becas y prácticas para jóvenes, así como ayudas a la población más vulnerable y grandes proyectos de infraestructuras que lleven el desarrollo a las zonas más atrasadas del país.

Más políticas sociales, ¿con qué dinero?

Sin apenas margen presupuestario y con el compromiso adquirido de no subir impuestos, la pregunta que muchos se hacen es cómo se financiarán estas políticas sociales. La respuesta del gobierno es que el dinero saldrá del ahorro en la Administración y del combate a la corrupción.

López Obrador presume de ser austero y quiere que el Estado también lo sea. Ha renunciado al avión presidencial, a los escoltas del Estado Mayor, a la residencia oficial de los Pinos y se ha bajado el sueldo a la mitad. Cobrará unos 4.600 euros al mes y ningún otro funcionario público podrá ganar más que él, para enfado de muchos burócratas, que ya han prometido dar guerra contra la medida.

Acabar con la corrupción es, en cualquier caso, lo que permitiría disponer de mucho más dinero para gasto social. Según cálculos del gobierno entrante, que comparte la OCDE, la corrupción devora entre el 5% y el 10% del PIB mexicano.

López Obrador no ha dado muchas pistas de qué hará para combatirla más allá de su insistencia en que su ejemplo de honestidad permeará a toda la Administración. Será implacable, asegura, con los corruptos a partir de hoy, pero ya ha dicho que no perseguirá la corrupción de gobiernos anteriores. Una traición para algunos de sus seguidores.

Con el mercado hemos topado

Otro de los grandes retos del nuevo gobierno será no ahuyentar a los inversores. Los primeros meses de transición fueron de luna de miel entre López Obrador y el mundo económico. El presidente electo puso mucho énfasis en tranquilizar a los empresarios, en asegurar que sus inversiones no corrían peligro, que no habría expropiaciones, ni decisiones arbitrarias.

El idilio, sin embargo, empezó a romperse a raíz del anuncio de la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, una obra ya en marcha, con un avance de más del 30%, en la que se han invertido más de 5 mil millones de dólares.

La decisión, avalada por una consulta pública en la que votó un millón de personas, se tradujo en un batacazo bursatil y una depreciación del peso frente al dólar, que volvió a repetirse semanas más tarde, cuando el grupo parlamentario de Morena, el partido del presidente, presentó en el Senado una propuesta para reducir las comisiones bancarias.La historia volvió a repetirse recientemente con otro amago legislativo de tocar los intereses de las mineras.

La hora de la verdad

López Obrador todavía no ha asumido el poder pero ya sabe lo que es el desgaste que acompaña a su ejercicio. Sus índices de aprobación son altísimos, de entre un 55% y un 63%, pero, según algunos sondeos, ya se habría dejado 10 puntos en estos cinco largos meses que separan su aplastante triunfo electoral del 1 de julio de la toma de posesión de este 1 de diciembre.

La duración de la transición mexicana supera en mucho los cien días de gracia que suelen disfrutar los gobernantes. Da la impresión de que López Obrador no tendrá ese margen. Se estrena este sábado como presidente, pero el juicio a su sexenio hace tiempo que ya ha comenzado…

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